Guía completa
El líquido que rara vez se mira hasta que avisa el cuadro
El refrigerante suele cambiarse una vez en el concesionario, al comprar el coche, y después pasan fácilmente 100.000 o 200.000 km sin que nadie le preste atención. El problema es que pierde calidad con el tiempo: sus propiedades anticorrosivas se degradan y, al final, puede dañar piezas caras del sistema —radiador, bomba de agua, termostato, intercambiador de aceite—. En muchos coches, el primer aviso real de que algo va mal en el sistema de refrigeración es precisamente el testigo de temperatura del cuadro, y para entonces conviene actuar rápido, no esperar.
No todos los anticongelantes son iguales
Cada fabricante especifica un tipo concreto: G12, G12+, G12++ y G13 (rosa o morado) para Volkswagen, Audi, Seat, Skoda y Cupra, compatibles entre sí; G05 u OAT azul para Toyota, Mazda y parte de Honda; HOAT amarillo para Ford y algunos americanos; G48 azul-verde, usado en Mercedes y BMW antiguos, sustituido en los modernos por G12++; OAT verde para Hyundai y Kia; y fórmulas propias de Peugeot, Citroën y Stellantis en general. Mezclar tipos distintos provoca reacciones químicas que precipitan partículas y dañan el sistema, así que nunca se debe combinar uno con otro.
Cómo saber cuál lleva tu coche
El manual del vehículo especifica el tipo exacto, y muchos fabricantes lo indican también en una etiqueta junto al depósito de expansión. El color del líquido actual puede orientar, aunque no es un dato definitivo porque varía entre marcas. En el taller lo verificamos con el VIN del coche. Si el vehículo es de segunda mano y no hay forma de confirmarlo, la opción más segura es hacer un purgado completo y rellenar con el tipo adecuado desde cero.
Cambio simple o purgado completo
El cambio simple vacía el depósito y el radiador y rellena con líquido nuevo; queda una mezcla de aproximadamente 70% nuevo y 30% del que permanece en el motor, suficiente si se hace cada 4-5 años y cuesta entre 50 y 80 €. El purgado completo vacía también el bloque motor, es mucho más exhaustivo y se recomienda si nunca se ha hecho antes, si se cambia de tipo de refrigerante o si el sistema está contaminado; cuesta entre 80 y 130 €.
Los síntomas que conviene no dejar pasar
Una temperatura elevada en el cuadro puede señalar nivel bajo o un termostato atascado. Una pérdida visible suele venir de un latiguillo o una junta. Una pérdida invisible, sin manchas, apunta más a una junta de culata o al intercambiador, y ese diagnóstico es el más importante: si no se repara a tiempo, el motor puede fallar en pocos miles de kilómetros. Un refrigerante turbio o marrón indica degradación grave, a veces por contaminación con aceite, y pide revisión inmediata.