El cambio de aceite lo conoce todo el mundo. Entenderlo ya es otra cosa. No es un trámite que se hace porque toca: de él depende que el motor dure lo que tiene que durar. Si se hace mal o tarde, la avería que viene después suele ser de las que duelen en el bolsillo.
Aquí en Badalona el motor lo pasa peor de lo que parece. La humedad y el salitre del mar se suman al arranca y para de la ciudad, y el aceite es lo único que tiene para defenderse.
¿Cada cuánto se cambia el aceite? La respuesta real
El fabricante marca un intervalo en kilómetros o en tiempo, lo que llegue antes. Por ejemplo, 20.000 km o un año. Mucha gente se queda solo con los kilómetros, y ahí está el primer error.
Un coche que hace trayectos cortos por ciudad y apenas se calienta degrada el aceite mucho antes. El motor no llega a su temperatura de trabajo, se forma condensación y el lubricante pierde propiedades. Si además duerme en la calle cerca del mar, todavía más expuesto. En esos casos, aunque no llegues a los kilómetros, el cambio anual no se negocia.
Lo que nos encontramos en el taller:
- Coches con 10.000 km en dos años y el aceite hecho una pasta. El dueño pensaba que «como no lo uso, no se gasta». Pero el aceite se oxida con el tiempo, aunque el coche esté parado.
- Vehículos que solo hacen carretera. Suelen aguantar mejor el intervalo largo, porque el motor trabaja en condiciones estables. Eso sí, el filtro de aire sufre más y conviene vigilarlo.
La norma es sencilla. Respeta el intervalo del fabricante, pero acórtalo si el uso es intensivo (mucha ciudad, trayectos cortos o el coche siempre cargado) o si es muy bajo, de pocos kilómetros al año.
El aceite correcto no es el más caro, es el que toca
«Ponme el bueno».
Esa frase la oímos todas las semanas. Y el bueno, para nosotros, es el que cumple las especificaciones exactas del fabricante de tu motor, cueste lo que cueste. En los coches modernos esto pesa muchísimo.
La viscosidad (el famoso 5W-30, 10W-40…)
El primer número, el de la «W» (de winter, invierno), indica cómo de fluido es el aceite en frío. Un número bajo, 0W o 5W, hace que llegue rápido a todo el motor en el arranque, que es justo cuando más desgaste hay. El segundo número indica la viscosidad en caliente. Con una viscosidad que no toca puedes acabar gastando más combustible o desgastando antes de tiempo piezas internas.
Las especificaciones (la letra pequeña que nadie mira)
Aquí está la clave. Las normas ACEA (para vehículos europeos), las API (americanos) o las propias de cada marca (VW 507.00, MB 229.51, etc.) garantizan que el aceite lleva los aditivos que ese motor necesita.
Un ejemplo práctico: los diésel modernos con filtro de partículas (FAP o DPF) necesitan un aceite bajo en cenizas sulfatadas, de las normas ACEA «C». Si usas uno que no la cumple, aunque sea un 5W-30 carísimo, acabarás obstruyendo el filtro. Y esa reparación no sale barata.
Antes de comprar aceite, abre el manual del coche. Ahí viene la especificación exacta. Desconfía del «este le vale a todos», porque no existe.
Los filtros: los grandes olvidados del mantenimiento
Cambiar el aceite y dejar un filtro viejo es como ducharse y volver a ponerse la ropa sucia.
- Filtro de aceite: Retiene las impurezas y las partículas metálicas que suelta el propio desgaste del motor. Cuando se satura, deja de filtrar. Uno de mala calidad puede incluso deshacerse por dentro y provocar una avería seria. Entre un filtro de marca reconocida y uno de origen dudoso hay poca diferencia de precio y mucha de riesgo.
- Filtro de aire: Impide que entren polvo y suciedad en el motor. Con el filtro sucio, el coche respira como quien corre con la nariz tapada: pierde potencia y gasta más. Por aquí, entre obras y polen, se ensucia antes de lo que la gente cree.
- Filtro de combustible: Protege la inyección de las impurezas del gasóleo o la gasolina. En los diésel actuales, con inyectores que trabajan a presiones altísimas, es imprescindible. Cambiarlo según el plan de mantenimiento ahorra problemas en la bomba y en los inyectores.
- Filtro de habitáculo (o de polen): Este es para ti, no para el motor. Limpia el aire que respiras dentro del coche. Si tienes alergia o notas mal olor al encender el aire acondicionado, toca cambiarlo.
Errores que vemos a diario (y que te cuestan dinero)
Con los años se ve de todo. Estos son los fallos que más nos encontramos y que se pueden evitar:
- Rellenar en vez de cambiar. Si el coche consume aceite, algo normal en muchos motores, hay que rellenar. Pero eso no sustituye al cambio: el aceite que queda dentro sigue siendo viejo y está degradado.
- No cambiar la arandela del tapón del cárter. Es una pieza de cobre o aluminio que cuesta céntimos y se encarga de que el tapón selle bien. Si la reutilizas, lo normal es que acabe goteando. Y puedes quedarte sin aceite sin darte cuenta.
- Apretar el filtro de aceite «a muerte». Se aprieta a mano hasta que hace tope y después, si el fabricante lo indica, un cuarto o media vuelta más con la llave. Si te pasas, la junta se daña y aparece la fuga.
¿Y los precios? Cuidado con las ofertas milagrosas
El precio de un cambio de aceite y filtro varía mucho de un coche a otro. ¿Por qué tanta diferencia?
Por el aceite y los filtros que se montan. Un sintético Long Life para un motor moderno con especificaciones muy concretas cuesta bastante más que un mineral para un coche de hace 20 años. Cuando una oferta es demasiado barata, detrás suele haber aceite a granel de baja calidad o filtros que no llegan a los mínimos. Pregunta siempre qué marca de aceite y de filtro te van a poner. Tienes derecho a saberlo.
Materiales correctos y el procedimiento bien hecho. Con eso, el motor llega lejos.